«La notación es más importante que el sonido. No la exactitud y el acierto con que una notación nota un sonido; sino la musicalidad de la notación en su notar.» (Cornelius Cardew)

Para escuchar las interpretaciones grabadas, visita la página de Composiciones.
The Riverscape es un proyecto de investigación que indaga y cuestiona los papeles del compositor y del intérprete, la naturaleza auditiva del medio musical y la interdependencia entre la partitura y la interpretación.
El proyecto nace de una serie de pinturas - paisajes fluviales - vistas desde arriba y abstraídas a mapas, estructuradas gráficamente para servir como partituras musicales.
Los músicos han aceptado el encargo de componer e interpretar la música a partir de las pinturas-partitura: Shira Legmann, Orr Sinay, Nitai Levi, Shaul Kohn, Tom Klein, Hovav Landoy.
Exposición
Las partituras creadas para el proyecto funcionan en dos medios a la vez: el medio de la pintura y el medio de la música. Aun sirviendo como notaciones para composiciones musicales, las pinturas no dejan de percibirse como pinturas. Esto abre la posibilidad de una difusión: las pinturas adoptan una intencionalidad musical, la música aspira a ser una transliteración de lo visual.
Los desplazamientos de sentido empiezan con los mapas, que abandonan su propósito de describir un territorio en favor del propósito estético de ser imágenes. A su vez, las imágenes, sin renunciar a su papel convencional, adoptan la intención musical, sirviendo de instrucciones para componer música.
La partitura resultante ofrece a los músicos una forma, un punto de partida, una clave, un camino, una posibilidad de componer la música. Las pinturas especifican un flujo del tiempo, pero no lo limitan a una duración concreta. Tampoco restringen los modos de interpretar los elementos visuales: formas, tamaños, colores, texturas. La técnica compositiva es plenamente abierta, y varía desde la improvisación, pasando por la preparación de una partitura intermedia propia, hasta la composición digital en posproducción.
Los objetivos del proyecto pueden reducirse a tres puntos principales:
Primero: Intentar construir una situación en la que un intérprete se convierte en compositor al elegir tocar una partitura. La partitura es indeterminada y, sin embargo, lo bastante sofisticada como para hacer fácil la transformación (intérprete -> compositor), al proveer una estructura formal, un punto de partida y una inspiración.
Segundo: Tratar de crear una serie de partituras que puedan percibirse como artefactos autónomos, dotados de un valor estético propio. Evito deliberadamente decir valor «artístico», pues la palabra «arte» puede significar cosas distintas para los músicos y la comunidad musical y para la comunidad contemporánea, posvisual, del mundo del arte.
Tercero: Experimentar con la dependencia causal recíproca entre una partitura autónoma y una composición musical autónoma. Es decir, así como la pintura sirve de razón para una composición musical, del mismo modo la (futura) composición musical sirve de razón para crear una pintura. Podemos llamarlo una automatización mutua.